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Entrevista Zaidensztat: el IRPF no es bueno como herramienta tributaria

El ex director de Rentas, Eduardo Zaidensztat afirmó que comparte plenamente la política económica del gobierno del Frente Amplio. No obstante, rechazó la aplicación del Impuesto a la Renta de las Personas Físicas. “No me gusta que se grave el trabajo de la gente”, aseveró.

Hace un año, Eduardo Zaidensztat decidió abandonar el cargo de Director General de Rentas. Renunció luego de completar la reforma de la Dirección General Impositiva (DGI), de aplicar una política fiscalizadora tan firme que le generó algunos enfrentamientos con empresarios y a pocos meses de ponerse en marcha una polémica reforma impositiva, con la introducción del IRPF, al que siempre se resistió.
En una entrevista concedida al Magazine Digital de ArteagaHillPropiedades, Zaidensztat, el Z según el bautismo popular, dijo que su renuncia estaba “acordada”, ya que fue una de las condiciones que le puso al ministro Danilo Astori cuando le ofreció el cargo y descartó que su alejamiento haya obedecido a los costos políticos que podrían asumir con la instrumentación del impuesto a la Renta.
Además, sostuvo que quiso irse de la DGI de la mejor forma, no de la manera que debió abandonar la subsecretaría de Salud Pública. “Había sufrido mucho con mi alejamiento de Salud Pública. Del ministerio me fui por la puerta de atrás, por un problema ajeno a mi persona”, indicó.
Zaidensztat calificó a Astori de “excelente ministro”, y dijo compartir plenamente la política económica, al tiempo que sostuvo que está arrepentido de las críticas que formuló hacia el juez Pablo Eguren, aunque sigue considerando que su fallo judicial, que no condenó con prisión a empresarios evasores, fue un error.
Adicionalmente, indicó que el fallo de inconstitucionalidad respecto a la aplicación del IPRF a los pasivos fue “un factor que siempre analizó” y descartó hacer política en las próximas elecciones.

¿Qué es de la vida de Zaidensztat que aparecía en los medios con más frecuencia que el Presidente de la República?
Hace exactamente un año me retiré de la Dirección General Impositiva. A partir de ahí mi vida tuvo un cambio brusco. Estoy contento, trabajando en la actividad privada. Me encuentro bien anímicamente, con más tiempo para dedicarme a mi familia y a mí.

Su renuncia fue intempestiva, sorprendió a muchos. Su alejamiento ¿obedeció a los costos políticos que se podrían pagar con los cambios tributarios?
No medí ningún costo político a la hora de renunciar. Ese factor no tuvo nada que ver.
Desde un primer momento supe que una de las plataformas del Frente Amplio era introducir cambios en el sistema tributario, incluido la incorporación del Impuesto a la Renta de las Personas Físicas (IRPF), por lo que si no estaba de acuerdo o podía prever costos políticos, entonces no tendría que haber aceptado el cargo.
Cada vez que el equipo económico que lidera el ministro Astori me consultó, yo colaboré, trabajé y me dediqué con intensidad para que la DGI estuviera en condiciones de implementar la reforma tributaria.
Esta reforma, que va mucho más allá que la incorporación del IRPF, la comparto. Para ser más preciso, comparto la filosofía que la inspiró, que consistió sustancialmente en bajar la presión tributaria.
Este es un tema que nos enseñó nada más ni nada menos que el contador Ricardo Pascale, profesor de Finanzas en la Facultad de Ciencias Económicas. El decía que este es un tema de riesgo y retorno. Si las tasas de impuestos, las alícuotas son altas, y el riesgo es bajo, porque la DGI, el BPS o la Aduana controlan mal, el empresario está tentando a evadir ante un escenario de retorno alto y un riesgo bajo.
En cambio, si la administración o la DGI funciona bien, posee un sistema de alertas, controla aquel que no paga o no paga adecuadamente y simultáneamente empieza a disminuir la carga, baja la tasa de retorno y sube el riesgo para aquel que evade, el sistema funciona sobre la base de una ecuación perfecta. Este es el un rumbo que inició este equipo económico, que lo comparto plenamente.

Pero su renuncia generó comentarios, dudas, porque evidentemente sucedió cuando nadie se lo esperaba…
Mi renuncia estaba prevista, acordada. Cuando Danilo Astori, con la anuencia del presidente Tabaré Vázquez, me pidió que me mantuviera en el cargo que ejercí durante la administración Jorge Batlle, yo acepté la propuesta con agrado. La acepté con mucho entusiasmo porque nos trazamos la gran meta de concretar la reforma de la administración tributaria, algo que necesitaba el país. En ocasión de aceptar el reto, le dije a Danilo que una vez concretada la reforma estructural yo iba a dar un paso al costado, situación de la que por supuesto siempre estuvo enterado el Presidente de la República.
Cumplida la meta y satisfecho con el trabajo que se hizo, llegó el momento de retirarme.
Para mí fue un honor haber trabajado como director de Impositiva en dos administraciones distintas. La administración anterior, sobre todo Alejandro Atchugarry que es un hermano para mi, confió en mi para asumir tal responsabilidad.
Pero la gran sorpresa fue cuando, a pocos días del triunfo electoral del Frente Amplio, me llamó Astori, siendo todavía senador y futuro ministro de Economía. Pensé que iba a una reunión muy concreta, para colaborar en una transición ordenada del cajero del Estado, pero terminó ofreciéndome el cargo.

¿Pero por qué se tenía que retirar?
Porque uno, como en todos los órdenes de la vida, tiene que trazarse metas y objetivos. Esto es lo mismo que un jugador o un técnico de fútbol, llegado cierto momento hay retirarse, por lo menos así lo siento yo.
Yo personalmente había sufrido mucho haberme ido del Ministerio de Salud Pública por un problema ajeno a mi persona. En aquel momento se cambió la plana mayor del Ministerio de Salud Pública, y eso me dolió porque habíamos hecho un trabajo muy importante, con una visión a mediano y largo plazo. Sentí que quedaba algo inconcluso y que me iba por la puerta de atrás.
Entonces, en la DGI quería retirarme cuando estábamos cumpliendo las metas. Hecha la reforma estructural de la DGI, se inició una etapa muy importante de consolidación, que la están llevando muy bien las actuales autoridades del organismo.

El pleito con Tienda Inglesa fue una batalla perdida.
No, al revés. La empresa se equivocó; sus responsables constaron que habían cometido errores que referían a los pagos ante la DGI, lo aceptaron y terminaron pagando.
Todos los contribuyentes son iguales ante la ley, el chiquito, el mediano, el grande y el muy grande, no hay hijos ni entenados ni empresas más protegidas. Este fue el gran cambio cultural que promovimos desde la DGI.
Y lo que hizo la Impositiva fue aplicar el mismo criterio que aplica a cualquier comercio. La empresa, en el marco del debido proceso de la garantía, presentó ante la Justicia un recurso. Cuando yo estaba alejado de la DGI, la Justicia se pronunció a favor del contribuyente. Yo respeto la separación de los poderes, respeto el fallo de los jueces, pero no quiere decir que lo comparta.
Y bueno, más allá de que la empresa ganó en los tribunales al evitar la clausura, hubo reliquidación muy importante de impuestos, algo que puedo decir ya que no estoy violando ningún secreto.

Cuando el juez Pablo Eguren procesó sin prisión a algunos propietarios de la cadena de bares La Pasiva por una millonaria defraudación tributaria, usted reaccionó con dureza contra el magistrado. Afirmó que “en el sistema judicial uruguayo por suerte los Eguren son los menos, sino viviríamos en una república bananera”. ¿Está arrepentido de cómo manejó este episodio?
No me arrepiento en el contenido de las acciones de protesta llevadas a cabo, es decir de haber recurrido el fallo. De lo que sí me arrepiento es de que producto de mi enojo, de una reacción inicial, tal vez haya herido a la persona del juez, cosa que nunca fue mi intención. Tampoco fue mi intención cuestionar al Poder Judicial. Con posterioridad fui a pedir disculpas al presidente de la Suprema Corte de Justicia.
Las formas son muy importantes y yo me equivoqué en las formas, de eso sí me arrepiento.
Para recordarle a la gente, el episodio de La Pasiva fue muy distinto al de Tienda Inglesa. En los locales de La Pasiva los empresarios tenían dos sistemas de cajas registradoras, con compras constatadas fuera del sistema. Eso motivó que la DGI hiciera cumplir la normativa. Pusimos en conocimiento a la Justicia del delito de defraudación, cuyos empresarios terminaron en prisión. Particularmente, en la denuncia en la que intervino Eguren, la figura de defraudación era la misma, con registros con doble sistema de caja, pero para nuestra sorpresa se dictaminó una sanción muy apartada de las otras, por la cual se purgó el delito con acciones solidarias de dos horas durante cinco días en el Instituto de Alimentación. Realmente, fue una señal que yo entendí que no era buena. Resulta que para gente que defraudaba, que se quedaba con millones de dólares que eran de la sociedad uruguaya, se determinaba una pena menor.
Recurrimos el dictamen y el Tribunal de Segunda Instancia falló de la misma forma que había fallado en los casos anteriores vinculados a otros locales de La Pasiva, tras los cuales los empresarios terminaron entre rejas.

La reforma de la administración tributaria comenzó a gestarse en el gobierno de Batlle. Usted pretendió acelerar los pasos, pero trascendió que Isaac Alfie, por entonces ministro de Economía, le puso trabas. ¿Es cierto?
La reforma de la DGI comenzó a tomar forma en el gobierno de Jorge Batlle, siendo el ministro de Economía, Alejandro Atchugarry. Con Alfie, quien subrrogó a Atchugarry, siempre estuvimos de acuerdo en concretar esta reforma, pero discrepamos en los tiempos para implementarla. Lamentablemente, el país perdió años por no haberla instrumentado antes.
Recuerdo que siendo Atchugarry diputado y luego senador, yo siempre le decía: “Alejandro no suban los impuestos, eviten crear impuestos nuevos porque el empresario que paga 10 mil pesos va a seguir pagando lo mismo aunque le suban las tasas”. Que significa esto: que gente que está en el sector blanco iba a pasar a trabajar en negro.
Luego Batlle convence a Alejandro de ser el Ministro de Economía. Mientras Batlle daba la conferencia de prensa anunciando el cambio de ministros, Alejandro y yo estábamos en la oficina del Presidente de la República, en el séptimo piso del Edificio Libertad. Ahí Alejandro me dijo cariñosamente: “Flaquito, ahora tenemos la posibilidad de hacer lo que siempre me dijiste, bajar los impuestos para que la gente cumpla 100% los pagos que tienen que hacer”.
Ese fue el paso inicial entre dos personas que siempre coincidimos en lo que había que hacer. Conté con el respaldo absoluto para iniciar la reforma.
Luego Alfie, siendo el ministro, me dijo que él quería concretar la reforma de la DGI, a la que conocía porque su padre había sido inspector de ese organismo. Con Alfie fuimos al Parlamento a defender la reforma y recuerdo que cuando la oposición le dijo “pero bueno ministro, a usted ya le queda poco tiempo, porque no deja el trabajo a la administración que viene”, Alfie contestó: “Si fuera por eso tampoco recaudaríamos más”.

¿Sigue siendo quincista o se lo puede considerar un outsider político que perfectamente podría ensamblarse en cualquier gobierno?
Nunca participé de forma activa de la actividad política partidaria. De hecho, en la última elección ni siquiera integré una lista, ni al Senado ni a Diputados ni como edil departamental, porque entendía que un director de Impositiva, si bien no tiene incompatibilidad legal, la tiene moral para hacer proselitismo.
Hoy no pienso en ninguna carrera política, ni tampoco en trabajar para un partido político.
La política no la tengo como una meta, no la tengo como un objetivo de vida ni profesional.

¿Pero sigue siendo colorado?
Lo voy a contestar de esta forma: desde muy joven, siendo estudiante de Ciencias Económicas, tuve la suerte de conocer a Jorge Batlle, en plena dictadura. En aquel momento Batlle formó jóvenes como yo, cuya mayoría estábamos estudiando en distintas carreras universitarias. Nos ayudó a formarnos filosóficamente, mirando las raíces del Batllismo, del viejo Batlle y Ordóñez.
Y una cosa que Jorge Batlle nos enseñó y que yo la tomé, rezaba: primero está el país, después están los partidos y después están las personas. Por tanto, si primero está el país, cuando con este principio no importa qué bandera política gobierna, no me quedaba ni me queda ninguna duda de que si se confía en mi persona, tenía y tengo que poner todo mi esfuerzo, como decía Churchill, sangre, sudor y lágrimas, para lograr beneficios para la sociedad uruguaya. Cuando se trabaja en el diseño de políticas de Estado, de grandes resultados para el país, poco importa quién esté ocupando el gobierno.

Ahora, llamaría mucho la atención si mañana, en el fragor de una campaña política y situado en la oposición, tuviera que cuestionar la política económica del Frente Amplio, para la cual trabajó…
Estoy convencido de que Astori es un excelente ministro de Economía, que está rodeado de un gran equipo de trabajo. (Mario) Bergara es un gran Subsecretario y (Fernando) Lorenzo es un baluarte en esta política económica. Conforma con ellos y con otro grupo de gente un gran equipo de trabajo, que está conduciendo muy bien al país.
Las cosas buenas hay que reconocerlas, decirlas y por qué no, apoyarlas, Eso no quiere decir que en algunos casos concretos yo tenga discrepancias con algunas decisiones.
Pero lo que es la política económica que viene desarrollando este equipo económico, puedo decir que la comparto plenamente. Es una política económica distinta, que baja la presión tributaria, que está generando oportunidades de inversiones para el país. Todos los días al Uruguay están llegando inversiones, y esto implica más puestos de trabajo. Si bien el país se benefició de una coyuntura internacional muy favorable, el manejo de la política económica está generando resultados relevantes.

¿Era previsible lo que sucedió con el IPRF a los pasivos?
Sí, confieso que el riesgo de un fallo de inconstitucionalidad fue un tema que, en lo personal, más de una vez lo analicé. Lo planteamos dentro del equipo económico, pero los técnicos que se encargaron del diseño de la reforma tributaria nos decían que este impuesto estaba en el marco legal correspondiente.

Este impuesto fue una de sus grandes discrepancias…
Sostengo que el IPRF nos es bueno como herramienta tributaria. Soy contrario al impuesto que afecta a la gente que trabaja. Me parece que hay otros tipos de impuestos más razonables, por los que se evitaría gravar el ingreso del trabajador, del laburante.
No estoy de acuerdo con este impuesto, como tampoco nunca estuve de acuerdo con el Impuesto a las Retribuciones Personales (IRP) que se cobró en las administraciones anteriores.
En este país un trabajador no tiene un nivel de ingresos tan importante como para que pueda soportar un impuesto de estas características. Esta es una posición que siempre la expresé públicamente. No me gusta que se grave el trabajo de la gente.

Con Astori como Presidente ¿usted no cree que tiene grandes posibilidades de ocupar un puesto de primera línea en el gobierno?
Yo no hago futurología. Tengo un gran respeto, estima y cariño personal y profesional por Astori. Siempre me sentí muy cómodo y respaldado trabajando junto a él. Danilo tiene dentro de su actual equipo gente muy capaz y muy alineada a su pensamiento, como para conferirle la responsabilidad de ejercer cargos muy relevantes en su eventual gobierno.

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